06/02/2011.
La tarde serpenteaba perezosa como si atravesara un silencioso y pronunciado meandro. Los domingos por la tarde se comen a los turistas, y los digieren a través de las carreteras para defecarlos de vuelta a la gran urbe. Así que, si aguantas su apetito insaciable, podrás saborear el último hálito de libertad que desprende el moribundo fin de semana. Y lo harás entre el aroma que la soledad y la cotidianidad que puede ofrecer un lunes cualquiera. Y eso hicimos...
En el cielo se recortó un antiguo reclamo. Hay anuncios que se cuelgan del tiempo. Se quedan haciendo equilibrios entre dos balcones... y entre dos épocas. Imagino que fue un importante anuncio en el pasado, quizá único en la comarca. Aventuro una sala de espera llena de humo. Diversas gentes llegadas desde recónditos lugares de la comarca. Algunos, incluso desde más lejos. Esperando pacientemente su turno desde la tranquilidad de su cigarro. Probablemente no serían gente llana, porque para comunicarse con otra gente llana, sin un teléfono accesible, utilizarían el correo, antiguo y humilde, pero más tangible que el misterio de la voz amada transimitida a través del hilo conductor. Al menos el consuelo de la letra escrita por la mano querida y añorada, era una prueba física de la existencia del ser querido...
En el cielo se recortó un antiguo reclamo. Hay anuncios que se cuelgan del tiempo. Se quedan haciendo equilibrios entre dos balcones... y entre dos épocas. Imagino que fue un importante anuncio en el pasado, quizá único en la comarca. Aventuro una sala de espera llena de humo. Diversas gentes llegadas desde recónditos lugares de la comarca. Algunos, incluso desde más lejos. Esperando pacientemente su turno desde la tranquilidad de su cigarro. Probablemente no serían gente llana, porque para comunicarse con otra gente llana, sin un teléfono accesible, utilizarían el correo, antiguo y humilde, pero más tangible que el misterio de la voz amada transimitida a través del hilo conductor. Al menos el consuelo de la letra escrita por la mano querida y añorada, era una prueba física de la existencia del ser querido...
Tirando del hilo
tu conversación de ceros y unos
se volvió viscosa como la miel.
Tu trémula voz
es el hilo que me mantiene atado a la vida.
El cobre es sólo una excusa.
La vida vuelve a la vida
con el pálpito del timbre metálico.
Es la ilusión del sonido transmitido a través de la enorme distancia que nos separa.
Y al colgar el negro teléfono
tu voz se muere en silencio,
como los peces en la mar.
Tan sólo el cadaver de tu recuerdo
sale a flote en el océano privado
de mi resonante cerebro.
Tu voz lejana en la distancia
Tu voz tan reciente en el tiempo.
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